Kentukis: Esclavitud, desconexión y soledad en lo nuevo de Samanta Schweblin.

La autora Samanta Schweblin se volcó en un nuevo escenario y salió de su zona de confort en la literatura para la creación de su nuevo título Kentukis. Mientras existimos en una realidad cruda y atiborrada de tecnologías disímiles que nos desconectan (a pesar de que suene contradictorio), Schweblin logra darnos un pantallazo de una ficción paralela y panóptica donde preside la inquietud, el control y el desconocimiento.

En su primer novela Distancia de rescate hizo evidente que las novelas no se le contrarían, aunque lo suyo siempre hayan sido los cuentos y los relatos. Residente en Berlín, la argentina fue premiada internacionalmente con su novela debut (ahora preparando su adaptación audiovisual) y dejó plasmada su índole siniestra en los libros de cuentos Pájaros en la boca y Siete casas vacías.

Kentukis es una novela globalizada donde lo único que puede unirnos es la tecnología. Aunque en realidad no sea así, pero decidimos mirar para otro lado y elegir lo más fácil. Peluches con ruedas y formas de cuervo, dragón, conejo… pueden pasearse libremente por nuestro living, establecer una conexión anónima a través de estos kentukis que observan pero no hablan y donde la soledad juega un papel imperioso: “si elegís que un bicho comandado por un ser humano que no conocés te haga compañía es porque hay mucha soledad en tu vida”, mencionó la autora en una entrevista con PlayGround Magazine. El amo tiene un poder relativo sobre el kentuki, ciertamente puede hacer lo que quiera con él, pero hay un desconocido del otro lado de la pantalla que si bien está esclavizado, tiene el poder y el control en su propia mirada. La tecnología es nuestra prisión, pero es el ser humano el que la hace cruel, inmoral y siniestra.

Las palabras de Samanta Schweblin en Kentukis pueden conviertirse inevitablemente en un capítulo de Black Mirror, donde hay una marca silenciosa respecto a las clases sociales y aparatos tecnológicos con ruedas que establecen una conexión aquí y allá pueden volvernos nuestro propio enemigo.

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